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Acto de inicio de la Casa Iberoamericana -Ciudad del Saber, Panama -1 septiembre 2017 - Palabras de Mirna Cunningham Kain. Presidenta FILAC

El año 1992 marcó un hito histórico para Iberoamérica.  Mientras en otras latitudes los temas de preocupación se centraban en el deshielo del modelo soviético, la magia de los números centenarios redondos, hizo que el advenimiento de los 500 años posteriores al arribo de Colon  a nuestro continente, provocara múltiples reacciones y posicionamientos sobre el tema, tanto desde América como desde Europa.

El debate sobre si poner el énfasis en el llamado “descubrimiento”, o en la “conquista”, o en el “encuentro de culturas”, fue materia habitual en aquellos tiempos, debate que aún hoy día se mantiene abierto aunque en términos distintos.

Lo más importante que nos dejó ese fermental momento de la historia fue que no nos quedamos en discusiones teóricas o políticas. 

Lo más importante es que pasamos a la acción y asumimos que las distintas visiones tenían y debían tener puntos de contacto como plataforma para la construcción de nuevas formas de relacionamiento.

Eso fue lo que hicimos.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU o la amplia ratificación del Convenio 169 de la OIT por parte de los países latinoamericanos y España, son claros ejemplos al respecto porque, más allá de los impactos jurídicos que conllevan, implican, sobre todo, habernos puesto de acuerdo en dos ejes fundamentales: los indígenas somos pueblos que tenemos derecho a existir como tales y los Estados deben hacer eso posible.

En ese marco es que nacen las Cumbre Iberoamericanas y el Fondo para el Desarrollo de  los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, FILAC.

En julio de 1991 en Guadalajara , México, se reunieron por primera vez los Jefes de Estado y de Gobierno de los 21 países miembros de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, decidiendo constituir la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno con la participación de los Estados soberanos de América y Europa de lengua española y portuguesa.

Precisamente, el objetivo esencial, hasta ahora vigente, era convertir el conjunto de afinidades históricas y culturales de Iberoamérica  en un instrumento de unidad y desarrollo, basado en el diálogo, la cooperación y la solidaridad.

Por su parte, el FILAC, fue creado en la II Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Madrid, España, en 1992, con el propósito de apoyar los procesos de autodesarrollo de los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas de la región, reconociendo la integralidad de sus territorios, sus derechos y sus características socioculturales.  Actualmente, el FILAC es el único organismo internacional especializado en la promoción del Desarrollo con Identidad enfocado al Buen Vivir-Vivir Bien de los Pueblos Indígenas, reconociendo para ello la complementariedad entre los derechos individuales de sus mujeres y hombres con sus derechos colectivos como pueblos.

Pasados más de 25 años desde aquellos episodios fundacionales, no cabe dudas que hemos tenido un intenso camino en el que nos hemos encontrado muchas veces, algo que el presente nos pide profundizar y desarrollar.

La más reciente Cumbre Iberoamericana realizada en Cartagena de Indias en octubre de 2016 no solo reafirma la relevancia del espacio iberoamericano para la promoción del diálogo, la concertación y para promover los vínculos históricos, culturales, sociales y económicos entre los países iberoamericanos, sino que expresamente incluye el compromiso con la protección y promoción de los derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, así como con su autodesarrollo social, económico y cultural.[1]

Por su lado, el FILAC ha culminado un largo y complejo proceso de reestructuracion interna que lo coloca en mejores condiciones, no solo para cumplir su mandato institucional, sino para ser un actor regional y global decisivo en estos asuntos.

Pero aún necesitamos más. Debemos ir a más.

El año pasado se cumplieron otros 500 años.  

En 1516, Tomás Moro publicó su “Utopia”, un texto referente no tanto por su contenido preciso, sino porque nos invita a imaginar y construir una sociedad distinta, mejor, con seres felices de habitar en ella.  

Hace 500 años Moro pensaba que   si en algún lugar del planeta se podía ubicar su fantasía, ese tendría que ser América. En una carta que escribió a su amigo Pedro Gilles le dice textualmente: “No se nos ocurrió preguntar, ni Rafael pensó en decírnoslo, en qué parte del Nuevo Mundo está situada Utopía. Daría mi modesta fortuna para que no se produjera tal omisión”[2].

Actualmente ante los grandes problemas y desafíos que enfrentamos, necesitamos reafirmar nuestro proyecto, nuestra utopía de una Iberoamérica mejor, incluyente, respetuosa de sus culturas, con relaciones  étnicas equitativas, con plena participación en los asuntos públicos de los pueblos indígenas.

Una Iberoamérica donde los derechos humanos en general y los derechos de los pueblos indígenas, de sus niños y niñas, sus jóvenes, sus mujeres, sus ancianos, de todos y todas,  sean una realidad.

Será demasiada ambición plantearse ese objetivo?

El acto de inicio de actividades del FILAC y del Organismo Internacional para la juventud de Iberoamerica- OIJ en la Casa de Iberoamérica en Panamá, este 1 de septiembre de 2017, debe ser entendido como un mojón en ese camino.  Felicitamos sinceramente esta iniciativa ya concretada en un espacio físico de trabajo,  porque fortalecera al sistema iberoamericano, relacionando funcionalmente a los diferentes organismos y generando sinergias en su accionar.[3]

Invitamos, junto a la SEGIB, la  OEI, la OIJ y los demás ámbitos de Iberoamérica, al Gobierno de Panamá y los demás gobiernos de la región, así como al Sistema de las Naciones Unidas y sus agencias,  a contribuir para  visibilizar a los pueblos indigenas en la ruta hacia la proxima Cumbre Iberoamericana en el entendido que con los aportes de nuestros pueblos y esfuerzos coordinados podremos avanzar en conjunto hacia la prosperidad con igualdad y sostenibilidad en nuestra region.     

El FILAC ofrece desde ya toda la colaboración que le sea posible para la información y  coordinación sobre los aspectos de mayor trascendencia para los pueblos indígenas y nuestras sociedades en su conjunto.

Para que los cambios ocurran, primero se necesita soñar con ellos.  

Hagamos todo lo posible para que nuestra región sea la tierra donde ese  mundo mejor sea realidad.



[1] XXV CUMBRE IBEROAMERICANA DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO Cartagena de Indias, 28 y 29 de octubre de 2016 DECLARACIÓN DE CARTAGENA DE INDIAS, numeral  36.

[3] Nota de prensa. SEGIB. Inicio de actividades de la Casa de Iberoamerica. Septiembre 1, 2017. 

 



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